Uno de los postulados fundamentales de la teoría de la relatividad de Einstein es que nada puede viajar a mayor velocidad que la luz. Esto se ha confirmado plenamente en el mundo macroscópico, pero las cosas parecen ser más complicadas en el mundo de los átomos, donde rigen las leyes de la mecánica cuántica.
Viajar más rápido que la luz puede ser enteramente equivalente a viajar hacia atrás en el tiempo. La razón es que el tiempo es relativo, como descubrió Einstein: el tiempo medido por un reloj puede aumentar o disminuir según su velocidad, pero lo que nunca cambiará es la distinción entre pasado y futuro... a menos que el reloj se mueva más rápido que la
luz.Sin embargo, el concepto del tiempo aparece sólo como una variable más en la mecánica cuántica, sin ninguna distinción entre pasado y futuro. La dirección del tiempo sólo se manifiesta para cuerpos macroscópicos compuestos de billones y billones de átomos, por lo que el tiempo sería una ilusión provocada por la estadística (como señalamos en una colaboración pasada).
Lo anterior no es sólo un concepto abstracto. Desde hace algunos años se han hecho experimentos en los que se manifiestan las contradicciones del mundo cuántico. Así, por ejemplo, en un ya clásico experimento realizado en 1982 por un equipo de físicos franceses, se encontró que dos partículas de luz emitidas en direcciones contrarias pueden "influir" en una extraña forma entre sí, aun cuando estén tan separadas que esa influencia, interpretada de acuerdo con nuestros conceptos tradicionales de distancia y tiempo, implicaría una interacción a mayor velocidad que la luz.

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